Por naturaleza, la piedra de lava es muy resistente a las altas temperaturas. Una vez caliente, almacena el calor y lo difunde lenta y uniformemente por toda la superficie, durante todo el proceso de cocción. El calor intenso se apoderará de la masa muy rápidamente, sin quemarla ni secarla. El resultado es perfecto: una corteza crujiente y un interior suave. Tres criterios son esenciales en la elección de una piedra de cocción: Su tamaño: debe ser ligeramente más pequeña que su horno para poder manejarla y posicionarla sin dificultad en su interior. Su grosor. Para su uso en un horno eléctrico o de gas convencional, se recomienda un grosor de entre 1,5 y 3 cm para asegurar que sea sólido. Demasiado delgado, será demasiado frágil. Cuanto más grande y grueso sea, más tiempo de calentamiento y su forma. Viene en todas las formas: rectangular, cuadrada, redonda. Elíjalo de acuerdo a las diferentes preparaciones que quiera hacer.